El
relato de la vida cotidiana de Julius, un joven psiquiatra nigeriano
que reside en Nueva York, cinco años después del 11-S, es la excusa
de Teju Cole (Kalamanzoo, Michigan, 1975) para narrar una novela
excepcional. Los
pasos errabundos de su protagonista, que deambula sin rumbo fijo por
las calles de Manhattan, el pretexto para desarrollar un soliloquio
deslumbrante.
Y
es que, Ciudad Abierta (Acantilado) es un tesoro recientemente
descubierto por la crítica (Premio Pen Hemingway 2012 y mejor libro
del año según The New Yorker y Neewsweek, entre otras
publicaciones), en el que emerge al fin una voz tan delicada como
distinta.
La
metáfora de la de "ciudad abierta" es el punto de partida
de este glosario de imágenes en las que la reflexión acerca de las
tensiones del hombre contemporáneo es constante. En ellas, Nueva
York es un espacio contradictorio, donde, por un lado, es posible
vivir el sueño de la ciudad cosmopolita, integradora, abierta... y
donde, por otro, queda patente el origen bélico de la expresión que
da nombre a la novela. Como en tiempos de guerra, la urbe es en esos
momentos un espacio ocupado, rendido, que ha cedido sus poderes a un
enemigo al que nadie es capaz de identificar.
En
ese escenario ambivalente, en el que la sombra del 11-S es alargada,
es precisamente donde Julius deambula sin destino para dar rienda
suelta a sus pensamientos. En las calles de Manhattan, el joven
médico se prefigura como el paradigma del "flaneur"
("paseante" o "callejero", en francés) para,
como consecuencia, liberar la mente y entregarse a la divagación.
Cole
recoge así el testigo de la "literatura de ciudad",
brillantemente cultivada por Walter Benjamin y Balzac, entre otros,
en una suerte de homenaje al "arte de vagabundear". Y en el
que, como si de un juego de espejos se tratase, Julius, 'callejero'
del siglo XXI, y la ciudad se buscan y observan mutuamente para dar
lugar a un texto sorprendente.
Como
en el resto de la obra, en estas páginas de trazo impresionista,
asoma la doble faceta de Cole, la de fotógrafo y escritor, dos
oficios que parten de una misma inclinación: la de fijar la mirada
sobre aquello que es apenas perceptible pero no por ello irrelevante.
El
resultado es una colección de estampas en las que afloran anécdotas
(intereses literarios y musicales, recuerdos de viajes a otras
ciudades...) y reflexiones de mayor calado sobre
la identidad y la diferencia, la pertenencia al grupo y el
aislameinto, las relaciones afectivas o la soledad en las grandes
cuidades... Todo ello, bajo una pátina delicada, suave, en la que un
lirismo se abre paso de forma inesperada en la narración.
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