martes, 4 de diciembre de 2012

'Ciudad abierta', de Teju Cole


El relato de la vida cotidiana de Julius, un joven psiquiatra nigeriano que reside en Nueva York, cinco años después del 11-S, es la excusa de Teju Cole (Kalamanzoo, Michigan, 1975) para narrar una novela excepcional. Los pasos errabundos de su protagonista, que deambula sin rumbo fijo por las calles de Manhattan, el pretexto para desarrollar un soliloquio deslumbrante.

Y es que, Ciudad Abierta (Acantilado) es un tesoro recientemente descubierto por la crítica (Premio Pen Hemingway 2012 y mejor libro del año según The New Yorker y Neewsweek, entre otras publicaciones), en el que emerge al fin una voz tan delicada como distinta.

La metáfora de la de "ciudad abierta" es el punto de partida de este glosario de imágenes en las que la reflexión acerca de las tensiones del hombre contemporáneo es constante. En ellas, Nueva York es un espacio contradictorio, donde, por un lado, es posible vivir el sueño de la ciudad cosmopolita, integradora, abierta... y donde, por otro, queda patente el origen bélico de la expresión que da nombre a la novela. Como en tiempos de guerra, la urbe es en esos momentos un espacio ocupado, rendido, que ha cedido sus poderes a un enemigo al que nadie es capaz de identificar.

En ese escenario ambivalente, en el que la sombra del 11-S es alargada, es precisamente donde Julius deambula sin destino para dar rienda suelta a sus pensamientos. En las calles de Manhattan, el joven médico se prefigura como el paradigma del "flaneur" ("paseante" o "callejero", en francés) para, como consecuencia, liberar la mente y entregarse a la divagación.

Cole recoge así el testigo de la "literatura de ciudad", brillantemente cultivada por Walter Benjamin y Balzac, entre otros, en una suerte de homenaje al "arte de vagabundear". Y en el que, como si de un juego de espejos se tratase, Julius, 'callejero' del siglo XXI, y la ciudad se buscan y observan mutuamente para dar lugar a un texto sorprendente.

Como en el resto de la obra, en estas páginas de trazo impresionista, asoma la doble faceta de Cole, la de fotógrafo y escritor, dos oficios que parten de una misma inclinación: la de fijar la mirada sobre aquello que es apenas perceptible pero no por ello irrelevante.

El resultado es una colección de estampas en las que afloran anécdotas (intereses literarios y musicales, recuerdos de viajes a otras ciudades...) y reflexiones de mayor calado sobre la identidad y la diferencia, la pertenencia al grupo y el aislameinto, las relaciones afectivas o la soledad en las grandes cuidades... Todo ello, bajo una pátina delicada, suave, en la que un lirismo se abre paso de forma inesperada en la narración.


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